Un pez fuerte y grande nada en el mar.
De pronto, ve un apetitoso pez y se lo come, sin ver que dentro de éste hay un anzuelo que le lleva dolorosamente y con fuerza hacia el norte.
En un momento dado, pasado un tiempo, esta convencido que va hacia el norte porque él quiere.
Ya no siente el dolor del anzuelo, se ha acostumbrado a él.
Es mas, se asombra de si mismo, de la velocidad con que avanza,
puede dejar atras a los otros peces, que le miran asombrados
correr hacia la superficie.
Pero él se cree que hace lo que quiere, lo que ha decidido.
No se da cuenta, que lo que hace, no es lógico.
Pero el se aferra al concepto de que, como él es mas fuerte y mas inteligente, el hace lo que los otros no hacen; y lo que los otros hacen, él no quiere hacer. Él es excepcional.
Cuando llegue a la superficie lo comprenderá, pero será tarde.
Los seres humanos somos todos diferentes, como los peces
Pero tenemos cosas en común, pocas, pero muy fuertes.
todos queremos el afecto, lo necesitamos para ser normales, y lo esperamos de aquellos que naturalmente y geneticamente deben dárnoslo, y necesitamos brindar el afecto, también, eso se aprende con la práctica.
(El afecto tiene dos vertientes, no sirve sentir afecto y no ser capaz de demostrarlo, y peor no ser capaz de sentirlo. Son grados de invalidez emocional.)
Forma parte de la salud mental del individuo.
Es imprescindible para nuestro crecimiento y para el desarrollo de nuestra personalidad. Si no lo tenemos porque no lo queremos, es que sin darnos cuenta, nos hemos convertido en un inválido afectivo, incapaz de sentir y demostrar nuestros afectos.
La vida es como es, y a mi a estas alturas me importa un rábano,
un absoluto rábano, lo que piense el mundo, a mi me importan las personas que quiero, y de ellas, muy especialmente dos.
No quiero para estos dos, lo que tienen, que para verlo, les basta con mirar en redondo.
Quiero lo normal, lo que todo el mundo quiere.
La realidad solo la cambian los que comprenden que ha de cambiarse, los que consiguen mirar su propia realidad con una cierta perspectiva.
Los que no, la sufren, y algunos corren tras del anzuelo, porque se creen que son muy veloces, sin ver que es el anzuelo el que los lleva.-
